El segundo en que me habité

Me habité en el momento en el que mis dedos  llegaron hasta tus mejillas.

Tuve la certeza de sentir mis manos apoderándose del impulso.

Se apoderaban de mí.

Solo me enteré de lo sucedido a través de mis latidos

Pareció que mis ojos precisaran en un enfoque como nunca antes tu rostro

Se atrevieron a observarte, y con ello fueron capaces de determinar en un pestañeo ilícito e irrecusable cada exacta medida entre tus rasgos.

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