Prioridades

 

Al llegar a casa tengo que ordenar mi dormitorio, hacer y deshacer la cama, barrer el polvo de cada uno de mis movimientos, desdoblar los pliegues de las sábanas, acomodar los papeles del escritorio, reflejar mi rostro en la ventanilla queda la calle. 


Mirarlo,


mirarme-


Y es que al hacer la cama repercute en mí el horrible ciclo de las cosas; que mientras está suciedad sale de entre las orillas de la puerta ha de acumularse el polvo bajo la alfombra, y en aquel mueble, y bajo la lámpara, entre los libros, tras los marcos de fotos.



Quiero tirar mis cosas hasta dejar esta habitación vacía, que sólo mi cuerpo sea partícipe de esta enmienda. Quiero quitarme las pieles; arrojarlas de aversión y respeto, miedo e intriga, mente y corazón o, si se tratase de un malentendido, corazón y mente. Quiero ordenar mi vida,ordenar mis sentimientos. Abrir en seco los cajones de esta ciudad

y proponerle a Dalí habitar cada uno de sus espacios.



...


¿si los sentimientos que tengo significan tanto, porque no les doy el tiempo que merecen?

¿por qué me conformo con la siesta como antidepresivo?

¿con la luz del móvil a las tantas horas de la madrugada?

¿con el calor del agua de la ducha cubriéndome la espalda?



Siento que estoy evitando aquello de lo que despierta no soy consciente,

escondo al ello en lo más profundo del cuerpo

mientras me mira aterrado de todas las cosas que puedo llegar a hacerle,



de todas las cosas qué puedo llegar a hacerme.


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